sábado, 10 de noviembre de 2007

Amantes o practicantes



He estado en casa de los suegros viendo "Cinderella Man". Para quien no conozca el film cabe decir que se trata de un boxeador que vivió en los años de la depresión americana, por allí la década de los '20. Tras una brillante carrera, una repetida lesión en su mano derecha (fracturas múltiples), y la decadencia en la que estaba sumisa el país de la hamburguesa, hicieron que su nombre pasara al olvido... casi. Gracias a su gran corazón y perseverancia consiguió, pelea tras pelea, conquistar el título de los pesos pesados.
Gran película, sí; y muy bien hecha. Pero no era de eso sobre lo que quería escribir esta noche. Más bien sobre algo que llevo escuchando día tras día durante mucho tiempo.

Hay mucha gente que me habla de tal boxeador y de cual otro. Dándome fechas, contrincantes, resultados, veladas, ... y ven que yo no les sigo el hilo. Se sorprenden al ver que no conozco a los grandes hitos de ese deporte y me sueltan frases como: -Ya te vale, ¿no? Mira que no saber eso. - Pues no, no lo sé. ¿Ocurre algo por carecer de una información tan irrelevante para mí? A mi parecer, no.

Luego se sorprenden cuando alguien les explica las veces que he pisado un ring, he besado la lona (me han hecho K.O.), mis guantes han hecho temblar las rodillas al contrincante (les he hecho K.O.), y me he llevado algún que otro premio; y me dicen: -¡Joder, tío! ¿Pero no nos dijistes que no tenías ni idea de los grandes del boxeo?

Llevo doce años colocándome los guantes cuando la ocasión me lo permite. Entrenando si mi cuerpo está en condiciones de hacerlo, si mi trabajo -mis ex trabajos. -no me han machacado lo suficiente o si el tiempo y los demás que están a mi alrededor no les ha hecho falta que estuviera con ellos. He peleado y entrenado en España, Francia e Italia y nunca me ha servido para nada conocer la vida de Muhamad Alí o Mike Tyson.

Algo parecido me ocurre con el escribir. Nunca he estudiado algo que haga referencia a las letras. Tampoco he sido un alumno ejemplar en ninguno de los colegios que he pisado ni soy el más listo de ninguna clase, pero me encanta escribir y es algo que muchos de los que me rodean no entienden: -¡Ostia! Si nos ha salido un Cervantes (Joanot Martorell para los de casa), entre nosotros. -Total, por hacer algo que me gusta; al igual que lo anterior.

Pero si ya juntamos las dos cosas se consigue una mezcla tan extraña que sorprende, al menos a mí (y a mucha gente que me lo ha dicho). Por parte de amigos y próximos les resulta increíble cómo alguien que boxea, y haya llevado una vida como la mía anterior, pueda llegar a escribir "por amor al arte". Por otra parte están los que me conocen por escribir, que les sorprende que alguien que pase horas y horas frente a un teclado inventando historias y preocupándose por aprender este arte, pueda malgastar su tiempo "pegando y dejándose pegar" en un ring por una insignificante suma de dinero. ¿Qué quieren que les diga?

Pues es simple: Soy amante y practicante.
Amante de la escritura para los que practican las letras y practicante de boxeo para los que aman ese deporte.

Supongo que ha quedado bastante claro y si no echarle la culpa al Diazepan que me han recetado, que al no hacerme efecto me tiene aquí en vela escribiendo lo que me viene en gana.

Hell.

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