viernes, 16 de noviembre de 2007

A cuatro grados

Hoy es viernes y hace frío. El termómetro nos marca cuatro grados. Ya están adornando las calles con luces navideñas y la gente camina abrigada. En las cafeterías pueden verse las mesas llenas de personas tomando alguna bebida caliente, los cristales empañados y las cajas de los dueños engrosándose. Cuanto más tarde se hace menos gente se ve por las calles dejando un paisaje solitario en este pueblo. El kebab de la esquina, con su interminable cola de clientes, y un par de cafeterías más es lo único que queda con vida por la rambla. Al final, delante de la antigua biblioteca, descansa el arcaico edificio que una vez fue la estación y que se convirtió en un centro cívico. Detrás se encuentra uno de los parajes más desoladores de este pueblo. Las vías muertas, el pequeño andén que utilizó Correos para sus envíos (ahora abandonado), los pasos subterráneos que esconden historias fatales y las únicas dos vías que están en funcinamiento, de hora en hora. Un par de farolas proyectan su haz de luz contra el suelo de piedra y tierra alargando las sombras que los yonkies pasean mientras esperan que llegue su camello.
Al otro lado, después del gran parquing descubierto y poco más, el torrente separa el barrio de la cantera. Una luz de fogata se ve a lo lejos, en lo que debe ser el plano que hay justo donde empieza la pared quebrada de la montaña del Puig. Otro grupo de personas deben congregarse allí en torno a un bidón que hace la función de estufa a leña calentándose con el fuego y la garrafa de vino de la coperativa.
Denuncian el robo en tres viviendas contíguas en menos de dos días, mientras celebraban las fiestas del pueblo. Encuentran el cadáver de un hombre en su piso, con señales de violencia, en el barrio de al lado. Una mujer ha sido hospitalizada por la brutal paliza recibida en su propio domicilio, al otro lado de la plaza que hay frente a mi casa. Un amigo taxista es encontrado en el maletero de su propio taxi cuando esa misma noche es atracado mientras trabajaba. Y así un sin fin de acontecimientos en un pueblo que no tiene más de 40.000 habitantes.

Mientras, en la calle hace frío, estamos a cuatro grados y ya colocan las luces navideñas.

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