viernes, 19 de diciembre de 2008

Efemérides personal

El tiempo va pasando lentamente pero, para ser tan parsimonioso, miro la fecha de hoy y me doy cuenta cuán rápido puede desfilar para quien sus ocupaciones no dejan lugar a descansos.

Diecinueve de Diciembre, marca mi calendario. Echo la vista atrás a modo de efemérides personal y visualizo el mismo día de hoy, de hace un año. ¿Dónde estaba yo? Pues nada más ni nada menos que aquí mismo. Con otro portátil –el sempiterno Benq acabó sus días entre escritos, calentones, sobrecargas y algunos que otros doscientos virus–. Empezando a trabajar en el mismo obrador en el que hoy me han hecho firmar el contrato indefinido. Hace un año entré como “el nuevo”, habiendo cultivado ahora una amistad con mis compañeros que continúa más allá de las puertas del atelier. Atrás han quedado –aunque eso no significa que los hay dejado apartados–, muchas amistades que he ido haciendo desde mi vuelta a España. Principalmente las bellísimas personas que rodean Cuentacuentos y que, de muy, pero que MUY de vez en cuando, continúo teniendo alguna conversación. También con Martín, ex–compañero pastelero.

En pocos días llegará esa fecha tan discordante para todos. A algunos les da pereza celebrar la navidad. A otros les resultará indiferente. Otros más la odian, con sus respectivas razones –incluso sin ellas–; y el resto disfrutarán de lo que la época navideña les convendrá. A mí, personalmente, me gratificará poder reunirme con mis familiares y celebrar alguna comilona conjunta; pero me apena que mi pareja las pase a ochocientos kilómetros de distancia. Por una vez preferiría cogerme unas vacaciones y poder desplazarme a esa Asturias verde (o blanca, por la fecha), para disfrutar de los festejos con mi futura familia política y sus allegados. Tanto la cultura como las gentes de allí son muy diferentes a lo que estamos acostumbrados por estos lares. Aunque a mí no se me hace tan extraño pasar estas festividades en otros entornos. En los diversos lugares que he vivido he podido comprobar lo diferentes que somos en los distintos ámbitos que nos rodean. Conmemoro la navidad más extraña que he experimentado y, sin duda alguna, fue en Francia. Estaba sólo, en mitad de extrañas gentes de las cuales tan solo conocía a una pequeña parte. Dicha navidad pasó tal cual día normal y corriente. Una cena extraña en casa de unos extraños y a medianoche a casa. Lo mismo ocurrió en fin de año. Únicamente me salvaba las pocas llamadas que recibía de familiares y amigos desde España. Esta va a ser la segunda festividad que voy a pasar junto a mi familia desde hace no-sé-cuánto, y me alegra.

Sí. Ha pasado un año ya. Hoy tengo cena con los del gimnasio. Mañana otra cena con los del trabajo. Y el domingo partido de rugby en Vilanova. Si estuviera en otra ciudad o país seguiría haciendo lo mismo: mi boxeo, mi rugby, mi guitarra (aunque ahora, algo olvidada), y… lo demás es cuestionable. Me asombra la facilidad que tengo para adaptarme a cualquier entorno que se me tercie. No sé si eso es bueno o es malo. Pero ES; y se trata de SER y HACER. No me imagino sumido en una vida rutinaria.

Ahora me viene a la cabeza la típica pregunta que le hace un adulto a un niño:

–¿Y tú de grande, qué quieres ser?

Hoy, sin duda alguna, diría que:

–Yo de grande quiero ser mayor. El mismo que soy ahora, pero más grande.

Realmente sigo teniendo ese toque de niño guardado en mi interior. Creo que todos lo tenemos; cuán dura o plácida pueda ser nuestra vida. Así que, un año más viejo que hace 365 días, continuaré alimentando ese Peter Pan que llevo dentro para poder disfrutar al máximo de lo que me queda por delante.

¡Va por ustedes!

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