viernes, 26 de diciembre de 2008

Méndez, Carvalho... y Tarapiella!

Desde aquí puedo oler la bechamel de los canalones y el guiso de ternera que emanan desde la cocina. Me está entrando hambre, pero aún queda un buen rato para sentarnos a mesa. Hoy es festivo aquí en Catalunya: Sant Esteve. Aún no sé por qué es festivo este santo aquí. Tampoco me importa demasiado. Nunca he sido muy católico ni creyente; así que sólo me queda aprovechar las festividades para poder descansar del trabajo. Laico, creo que es la palabra correcta.



Quería aprovechar estos días para avanzar una de las tres novelas que tengo empezadas –y una cuarta que se mueve por ahí, a modo de regocijo personal para mí y mis compañeros del trabajo–, pero estas festividades no me dejan tan tranquilo como desearía. Hoy toca la segunda comida familiar en casa. Esta vez seremos tres más. Incluyendo más tarde toda la comitiva de familiares que vendrán a visitarnos para tomar los postres, café, copa y puro; y acabar la sobremesa a las siete u ocho de la tarde, dejando el comedor al más puro estilo “chicago años 30”: humo y alcohol por doquier. Covi continúa por sus tierras Xanas. La echo mucho de menos.


Ayer me llegó un cheque del banco americano con la irrisoria cifra de 42€ a mi favor. Son los royalties de la venda del primer “libro” que publiqué con Lulu. Voy a mirar de hacer una revisión e introducir más relatos de Cuentacuentos –y otros que tengo por aquí–, para engrosarlo un poco más. No voy a hacerme rico con esto, lo sé; pero tampoco me importa. Si lo hago es porque quiero.



Hace unos días imprimí “La Bahía de los Condenados” para hacerle un pequeño regalo a Covi. Es una primera parte con 195 páginas. Pensaba hacer dos partes más porque la historia tiene tela para rato. Covi me comentó que lo juntara todo en un solo libro.



–Va a ser un tocho –le dije.



–¿Qué más da? ¡Si hay libros que parecen enciclopedias!



Tiene razón, ¡como siempre! Y en ello estamos: intentando avanzarla lentamente.



Y sobre la historia nueva en la que me he metido… “L’O Story”: otro caso para el inspector Alonso Tarapiella. Esta vez en clave de humor irónico y negro. Sólo está hecha para los compañeros, como he dicho antes; pero la voy publicando en otro blog que abrí expresamente para ello. Cuando esté terminada (esta será bastante corta), la publicaré también para regalársela a los que, como yo, sufren el día a día en el obrador con el “zombie” entre nosotros. Todo lo que sale en ella, tanto los escenarios, como los personajes y sus nombres, son reales; pero me limito a pregonar que cualquier casualidad no deja ser una mera coincidencia. Hubo un compañero que al leerlo, me preguntó quién era Alonso Tarapiella. Alonso Tarapiella es alguien muy cercano a mí, aunque en realidad no es detective privado. Tampoco es real del todo. Aunque eso, como en toda historia de ficción, puede ser creíble o no. Es mi Ricardo Méndez personal; mi Pepe Carvalho particular. Con la diferencia que, al contrario que González Ledesma o Vázquez Montalbán, yo sí puedo hablar con “él”, invitarle a tomar un vino o hacerle degustar los canalones que están ya en la mesa, junto a las voces de mi señora madre que reclama mi presencia.



Bon appétit!


No hay comentarios: