martes, 13 de enero de 2009

Gato Blanco, Gato Negro...

Este año los reyes no han sido tan benevolentes conmigo; por muy “bien” que me haya portado, creo.

Me han devuelto el dolor que mi espalda había casi olvidado. Me han hecho llegar el recibo del seguro del coche, la caducidad de la ITV y la reparación del tubo de escape y el retrovisor izquierdo que algún apresurado viandante dejó colgado, hecho añicos, a su paso. A ello le sumo el recibo de la escuela de hostelería que me hacen pagar religiosamente para poder cursar el superior –y último–, en pastelería. También otro recibo más del material didáctico para poder presentarme a las pruebas de acceso a la universidad. El mismo día de reyes, una llamada a medianoche me despertó de un sobresalto: la abuela de Covi había muerto. Seis hora más tarde, después de hablar con mi jefe, tomaba ruta hacia Asturies con la familia política, pasando cerca de las ciudades y pueblos de muchos de vosotros, y esquivando los contratiempos temporales que la nieve había ido dejando a su paso por toda la zona norte del país. Es una postal muy bonita, cuando todo está blanco e inmaculado por la nieve. Que se lo digan a los que se juegan la vida cada día al pasar por el alto de Altube.

Dejando aparte las desdichas, sí que he recibido algunos regalos. Los más importantes, sin lugar a dudas, por parte de Covi: la segunda parte de la trilogía de Stieg Larsson, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”; Un DVD de la edición de coleccionista de “Pesadilla antes de Navidad”; otro DVD más, “Los crímenes de Oxford”; y unos guantes nuevos de boxeo (que los viejos están…). En fin, que no me puedo quejar de la novia que tengo. Sus padres me regalaron una radio despertador. Algo que anhelaba desde hacía tiempo y que nunca recordaba que debía comprar. Desde Asturies me hicieron también un regalo mágico –para mí, claro–: un doble “stage”; primero con Faustino Helguera, Mejor Maestro Español Chocolatero, en Gijón; y segundo con Francisco Torreblanca, que entre el sinfín de titulaciones y honores, está el de Mejor Maestro Artesano Pastelero de Europa, en Elda (Alicante). Todo un lujo poder estar una temporada en ambos obradores con “jefes” tan galardonados –y profesionales–, como Tino y Paco (que es como se les conoce en este mundillo). Otro de los grandes regalos que me ha traído estas fechas es el contrato fijo que firmé antes de irme a Asturies. Por parte de mi familia no cayó nada; aunque con darme un techo y cobijo tengo suficiente.

En referencia a la escritura… he empezado la segunda parte de La Bahía de los condenados. Un poco más histórica, viajando atrás en el tiempo. Espero que no se me vaya tanto la pinza como en la primera. Me comenta, quien la ha podido leer (círculo de amigos), que no está nada mal; pero que cómo es posible que cuando te has encariñado con alguno de los personajes, ¡va y la casca! Yo me río y contesto: si fuera así de predecible no escribiría algo como eso; crearía una historia del estilo de Crepúsculo o parecido.

Total: que ha sido una entrada de año con bastantes altibajos pronunciados, pero con un buen agarre en cuanto a escritura tengo en mente.

Por cierto… continúo fumando… ¡así que nada de buenos propósitos!



PD: Aún me falta el mejor de los regalos (sin contar a Covi, por suspuesto):
Me refiero a la moto, ¿¿¿ a qué si no???











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