lunes, 26 de enero de 2009

Hoy Raimon no canta.

Bon vent i barca nova”, dicen los viejos marineros de la costa donde vivo: Buen viento y barca nueva. Pero nunca llueve (en este caso: sopla el viento), a gusto de todos. Así que cuando hay “mal vent”, mejor quedarse al abrigo de casa.


Un trágico suceso ha conmocionado mi región, supongo que al resto del país les habrá, como mínimo, consternado. Pero el fallecimiento de esos cuatro niños a causa del viento es el tema presente desde lo ocurrido. Todas las personas con las que entablo la misma conversación me comentan diferentes versiones y ocurrencias, todas a título personal, claro. Pero a todos les contesto lo mismo: no estamos preparados.


España no es un país donde los vientos huracanados sean el pan de cada día; ni donde las aguas torrenciales sean tan cotidianas para tener recursos en contra de ellas; menos aun las fuertes nevadas acaecidas este último invierno. Estamos en un país donde, dentro de lo que cabe (exceptuando la crisis), todo fluye con normalidad. Son casos puntuales, los que ocurren y devienen en tragedia. Por eso no tenemos casas (en algunas provincias españolas sí, por supuesto), donde la estructura de la misma esté proyectada para soportar o minimizar el efecto de una gran nevada; donde estén siempre a punto los equipos de emergencia rutinarios; ni donde hayan alternativas para poder soportar un temporal que deje incomunicada a decenas de poblaciones. Nosotros mismos no estamos preparados moralmente para sobrevivir en casos como ése.


En el caso de este fin de semana, no hace falta comentar el dolor que deben estar pasando las familias de los fallecidos, o las personas que les ha afectado de una manera u otra. Pero continuo diciendo que no estamos preparados para catástrofes de esta índole. Creo que si viviéramos los huracanes de Jamaica, o las nevadas de Laponia, o las lluvias torrenciales de China; estaríamos más acostumbrados y ya hubiéramos hecho algo para contrarrestar el problema. Pero aquí, que ocurren cosas insólitas como éstas, en ocasiones extraordinarias, no deberíamos extrañarnos en absoluto.


Menos aún, buscar algún culpable dentro de los despachos políticos (no quiero señalar a nadie). Aquí, el único que tiene la culpa de todo, aunque indirectamente, es el “hombre del tiempo”; pero no el que sale por los telediarios. Esos no.


En realidad había empezado esta entrada para hablar un poco sobre el fin de semana culinario que he pasado en mi casa. Pero la tortilla se ha girado mal.


Como mínimo dejo aquí una fotografía de la última creación que ha salido de los fogones de mi humilde cocina: los nuevos (y exquisitos, según me declararon los comensales), canalones negros. Quería llamarlos "caneloni alla porca putana", pero la cara que puso Covi me frenó.


¡Hasta la próxima! (Bon App).

1 comentario:

Brian Edward Hyde dijo...

Joe... un día nos tendrás que hacer una comidita buena, que tiene una pinta... Por aquí, mira tú por dónde, no ha hecho mucho viento; es más, todo el mundo hablando de viento y yo con cara de ein??? Un abrazo!!