miércoles, 1 de abril de 2009

Recuerdos...



Hace poco que he abierto mi Caja de Pandora; esa que tanto tiempo llevaba cerrada. ¿Qué me he reencontrado dentro, que tenía tan bien guardado (y casi olvidado)? Pues discos. Muchos discos, cubiertos literalmente de una capa de polvo. Los he sacado y limpiado con sumo cuidado. Como si tuvieran una vida propia que no quisiera lastimar. Cada uno que frotaba, el genio que guarda en su interior me hacía escuchar alguna canción en concreto de ese grupo. Miraba las portadas embobado, ensimismado… Anhelando aquellos tiempos en que su plástico se deslizaba bajo la aguja del tocadiscos y hacía temblar las paredes de mi habitación. Grupos que he visto en directo. Y ello me ha hecho recordar momentos claves en mi “pasada juventud”. Eran tiempos en los que la calle era la escuela y los bares nuestra segunda casa. Adoquines aplastados por nuestros pies escurridizos y joviales, yendo hacia ningún lugar en concreto, corriendo detrás de los amigos y al mismo tiempo delante de la policía. Éramos los jóvenes del asfalto. Los que nos desplazábamos en trenes y dormíamos en los calabozos.
Entonces, las ciudades eran nuestras. Sus calles, sus barrios y sus antros nos conocían con sólo escuchar nuestros pasos, nuestros gritos y los cascos de cerveza que estallaban contra el suelo…

¡Qué tiempos aquellos!


Y ahora… la caja de Pandora se ha abierto de nuevo. Pero más mayor, más aleccionada, con un brillo en su interior que intenta brotar para resurgir de entre las cenizas y mostrar a esas calles que las botas no han desaparecido, que sólo han descansado lo suficiente para volver a pisar ese asfalto con más ganas que antes y poder gritar en voz alta lo que antes escribíamos en las paredes.

Quizá haya un nuevo auge por la ciudad. Al menos, el murmullo se escucha de lejos. Y ya se sabe… cuando el río suena… ¡es que llegan los chicos malos del rock&roll de la calle!

Oi!


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